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Historia de Pica

Leyendas de Pica

Tradición oral del Oasis

Leyendas de nuestra comuna

De boca en boca, los piqueños han guardado relatos donde el desierto, el agua y los dioses se confunden en un todo armónico. Almas de socavón, valles que renacen, llamitos que traen la abundancia y una joven que se hizo flor: estas son las leyendas del Oasis de Pica.

4 leyendas Pica · Matilla · Quisma · Cancosa Memoria viva
1 Socavón · Matilla Socavón de Miraflores
Relato minero

La Leyenda de Miraflores

Se dice que en la época de los españoles se construyó el socavón de Miraflores. Los españoles lo levantaron gracias a los esclavos que tenían en ese entonces para trabajar.

Cuentan que un día los esclavos se rebelaron y hubo muchos muertos y heridos.

Se dice que las almas de los esclavos están en Miraflores y se escuchan en las noches cómo trabajan con sus herramientas: el ruido de las palas, picotas y el incansable martilleo. También se escuchan voces de sufrimiento y agonía por tantos golpes que recibían de sus amos.

Este es un testimonio que le sucedió a mi tío, Carlos González Lutino, que nunca más quiso entrar a un socavón.

2 Quisma · 1920 Valle de Quisma
Vergel del desierto

El Valle de Quisma

Hacia el año 1920, en pleno apogeo del Valle de Quisma, era un hermoso vergel: había viñedos, mangos, limoneros, naranjos, guayabos, granadas y hortalizas.

Sus frutos y verduras eran de excelente calidad y tamaño, y toda su producción se vendía a las oficinas salitreras. Los niños estudiaban en la escuela de Matilla, donde se quedaban hasta la tarde porque les daban almuerzo. Como eran muchos, pidieron una escuela y les dieron una casa grande en el mismo Valle, con cancha de básquetbol donde iban a jugar los niños de Matilla.

Pero en 1939 el caudal de agua potable que correspondía al Valle fue llevado hasta Iquique, lo que provocó la muerte de la agricultura y la partida de sus habitantes. Desarmaron las casas y desapareció todo; sólo quedó la capilla de la Virgen de Santa Rosa.

Actualmente el Valle ha renacido: viven ocho familias y otras quieren hacerlo. Todos comparten la misma idea: que el Valle de Quisma vuelva a ser como antaño, pero moderno.

3 Cancosa · Altiplano Llamito blanco bajo la luna llena en el altiplano
Nueva leyenda

El Llamito Blanco

En los tiempos de antes había un ganadero cancosino con tan mala suerte que se le habían muerto casi todos los animales, por culpa de las pestes que llegaron a los pueblos altiplánicos de la comuna de Pica. Como si fuera poco, los que quedaban estaban flacos, pues un nevazón tapó todos los pastizales.

Desesperado, decidió bajar hacia la costa, al sector de Canchones, para que sus animales se alimentaran en los añosos algarrobos de la pampa del Tamarugal. A mitad de camino lo alcanzó la noche y armó un corral para descansar.

Era una hermosa noche de luna llena. Antes de dormir, el ganadero contempló el cielo y sus ojos se detuvieron en un hermoso llamito blanco y altivo como nunca había visto. Tanto lo admiró que se quedó dormido del cansancio.

Al despertar, en vez de sus pocos y enflaquecidos animales, vio con sorpresa cientos de ellos, pastando bien alimentados en tierra generosa. Lleno de alegría, decidió regresar a su pueblo no sin antes agradecer a la Pachamama la presencia del llamito blanco que había traído la abundancia. Por eso se cuenta en Cancosa que la aparición de estos llamitos en noche de luna llena es igual a la abundancia para quienes cuidan de ellos.

4 Oasis de Pica Cuminalla, la flor del oasis de Pica
Nueva leyenda

Cuminalla, la flor del oasis

Hace muchos años, cuando el oasis de Pica era una aldea indígena, vivía una hermosa mujer llamada Cuminalla. Todos quedaban admirados por su belleza y querían estar a su lado, pero ella amaba la soledad y no conocía lo que era el amor.

Un día llegó a la aldea un capitán español con tres soldados en busca de oro. Buscaron hasta el último rincón sin encontrarlo, pero el capitán halló algo mucho mejor: el amor de Cuminalla. Se amaron y vivieron momentos tan felices que el apuesto capitán olvidó su misión.

Hasta que una noche tuvo un sueño que le susurraba al oído el sitio donde había oro. Sin avisarle a Cuminalla, tomó sus pertenencias y caminó hasta desaparecer en la oscuridad. Ella lo buscó durante días, semanas y meses; era como si se lo hubiese tragado la tierra. Poco a poco fue perdiendo su vitalidad y la pena caló en su corazón hasta paralizarlo.

En una tarde fría y triste, los piqueños se despidieron de ella. Y cuenta la leyenda que al día siguiente todos los árboles del oasis amanecieron floreados enteros. Desde entonces se dice que la joven Cuminalla se convirtió en flor, como una manera de expresar el amor hacia su amado y permanecer siempre juntos.